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Multitarificador de seguros: qué mirar más allá del número de compañías

Comparar tarificadores por el número de compañías es un error. Lo que marca la diferencia es qué pasa después de la comparativa.

Todos los multitarificadores enseñan una tabla de precios ordenada. La tabla es lo fácil. Lo que decide si te ahorra tiempo o te lo quita es lo que pasa antes y después de esa tabla.

Antes: de dónde salen los datos

Si tienes que teclear los datos del cliente para tarificar, el tarificador está desconectado de tu cartera y acabas trabajando dos veces. El proyecto debería nacer con el cliente, el vehículo o la vivienda ya cargados desde la ficha.

Con matrícula debería bastar para el ramo de autos. Y si el vehículo no aparece, el sistema tiene que decírtelo claramente en lugar de devolver un precio raro.

Durante: cómo llegan las respuestas

Un tarificador que espera a que contesten todas las compañías para enseñarte algo se hace eterno. Las respuestas deben ir apareciendo según llegan.

Y las compañías que fallan tienen que decir que han fallado. Un hueco en blanco sin explicación te hace perder la venta por desconfianza.

Después: qué puedes hacer con el precio

Aquí está la diferencia grande. Un tarificador que solo compara te obliga a entrar en la web de la compañía a emitir, volviendo a meter los datos.

La emisión directa desde la comparativa es lo que convierte veinte minutos en tres. Pregunta con qué compañías se puede emitir de verdad, no cuántas aparecen en la lista.

Veintiocho compañías en la lista no sirven de nada si con ninguna puedes emitir sin salir del programa.

Y el proyecto, ¿dónde queda?

Cada tarificación es una oportunidad comercial. Si el proyecto no se graba en el programa con su seguimiento, has perdido el dato de cuántos presupuestos haces, cuántos conviertes y quién los trabaja.

Ese porcentaje de conversión es una de las cifras más útiles que puede tener una correduría, y casi nadie la mide.